Durante años, la única forma de tener esta tecnología era pagando por sesión, con cita, en consultorio — entre 2,000 y 3,000 pesos cada vez.
Buscando una opción para usar en casa, encontré el Nivora — un dispositivo que manda esa misma señal, sin necesitar clínica ni cita.
Lo que me convenció no fue solo la tecnología, fue lo simple que es. Sin gel que se despega. Sin cables. Solo unas correas de velcro que te ajustas en cinco segundos, sin importar tu talla.
Para alguien que ya probó de todo, esa es la diferencia entre algo que sí vas a usar todos los días, y otro estimulador más que termina en el cajón.